Cofradia de Nuestra Señora de la Soledad
----- HISTORIA DE LA COFRADIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA SOLEDAD Proto Historia Gracias a nuevas investigaciones realizadas, y que aun hoy continúan, entre las corporaciones soleanas de Sevilla (España) y Lima (Perú); para conocer la historia de nuestra Cofradía limeña, tenemos que remontarnos al origen hispalense de la misma de donde procedieron nuestros fundadores. En lo que podíamos llamar nuestra proto-historia, el primer dato documentado (1549) sitúa a la Hermandad de la Soledad de Sevilla en el Monasterio benedictino de Santo Domingo de Silos (hoy parroquia de San Benito). Allí continuaba en 1557, año de la aprobación de las primeras Reglas, que marcarían la antigüedad en el riguroso orden que debían guardar las Cofradías en las procesiones generales de aquel tiempo y que las hermandades defendieron con tanto celo. Tras pasar breves estancias en las iglesias del convento de Santiago de la Espada o de los Caballeros, donde se encuentra en 1561, y del Hospital del Amor de Dios (hacia 1568), se estableció definitivamente en 1575 en el monasterio Casa-Grande del Carmen Calzado de Sevilla, siendo este hecho refrendado por Gregorio XIII en 1584 mediante Bula Pontificia.
Fundación en Lima Es cuando la Cofradía Sevillana se encuentra en el Monasterio del Carmen el momento en que un grupo de hermanos soleanos que habrían viajado para radicar en América, precisamente al Virreynato del Perú, se asientan en la “Ciudad de los Reyes” y llevados por su gran amor y devoción a Maria Santísima, fundan el 13 de Abril de 1603 en la Capilla de San Diego del Convento Máximo del Santísimo Nombre de Jesús (San Francisco) de esta ciudad, la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Lima de “disciplina de sangre” con la misma espiritualidad y regla, costumbres y tradiciones de su ciudad natal. Son fundadores y Primeros Mayordomos los hermanos Hernán Sánchez y Francisco Martín de Reyna, así mismo son testigos del acto el R.P. Fr. Benito de Huerta O.F.M., Guardián (superior) del convento; así como también Bernardo de Acuña, Diego de Montoya y Rodrigo Pérez. Actúa como escribano de su Majestad Don Fernando López de Almaguer, siendo los primeros hermanos de esta comunidad de penitencia Andrés de la Barrera y Bernardino Ramírez. La fundación se realiza con pleno conocimiento y autorización de Don Luis de Velazco, Caballero de la Orden de Santiago y Virrey del Perú, contando con el visto bueno del entonces Arzobispo de Lima Toribio Alfonso de Mogrovejo a través de su Provisor Juez Oficial y Vicario General de la Arquidiócesis de Lima el Dr. Miguel de Salinas. Es importante rescatar que es en el Monasterio Casa-Grande del Carmen donde vivió la Cofradía de la Soledad de Sevilla época de gran esplendor, resaltando los cronistas y analistas como la de mayor devoción a Nuestra Señora y abundante riqueza, como sucediera también, de forma similar, con la Cofradía limeña al establecerse en su Capilla propia en 1604. Ambas instituciones solo las podían integrar lo mejor de la nobleza de estas ciudades y donde para ingresar había que presentar como condición muestras de hidalguía. A pesar que la fundación oficial de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad de Lima se realizó en 1603, es a fines de 1500, específicamente 1571, cuando provienen las mas remotas referencias de la existencia de una “Cofradía de la Soledad” con sede canónica en la Iglesia de San Francisco de Lima, que solicita en ese mismo año, al Cabildo de Lima, permiso para hacer estación de penitencia en la noche del Jueves Santo, tradicionalmente reservada para la Cofradía de la Veracruz.
Origen de los Hábitos Es en el convento del carmelo de la ciudad de Sevilla, donde los hermanos adquieren un gran amor a nuestra Señora influenciados, sin duda, por la espiritualidad carmelita de sus religiosos, pues “el Carmelo es todo de Maria” (León XIII), de igual forma, de la orden carmelita se hereda el uso del escapulario que en Lima se continuará llevando hasta nuestros días; es también de la orden del carmen donde se toma el diseño del habito que viene distinguiendo a los hermanos soleanos desde el siglo XVI, como lo refiere el Abad Alonso Sánchez Gordillo: “túnicas bastas de lienzo blanco y escapularios negros, lo que es honra de la Virgen del gloriosa del Carmen cuyo habito fue de ese color primitivamente…” este dato es tomado de unos cuadros del claustro principal del Monasterio Casa Grande del Carmelo Calzado de Sevilla donde aparecen frailes carmelitas con escapularios negros, que es el color usado por la orden en esa época y que justamente en ese siglo se cambiara por el marrón o café con la reforma de Santa Teresa de Jesús; pero como la Cofradía de la Soledad llego a este monasterio antes de la reforma, se continuará con el color negro hasta la actualidad. Las primeras constituciones que se aprueban para la “Ciudad de los Reyes del Perú” en 1652, describen lo siguiente: “...los hermanos de luz y sangre de esta Santa Cofradía, vestidos con túnicas blancas y escapularios negros; y en ellos puesta la insignia de la imagen de nuestra Señora al pie de la cruz, y con el cordón del Señor San Francisco en forma de verdaderos penitentes, y sin llevar puesta otra cosa que parezca superflua e indecente...”
Advocaciones Titulares Como herencia de las corporaciones soleanas españolas, desde sus inicios nuestra Cofradía tenía como Titulares no solo a María Santísima de la Soledad, sino también a Cristo Yacente. Hacia finales del siglo XVI la Cofradía denominada en los documentos antiguos como “La Soledad de San Francisco”, empezó a procesionar los Viernes Santos con más de un millar de penitentes (LOHMANN VILLENA, Guillermo: “La Semana Santa de Lima”. Lima, 1996; pag. 14). Según refiere el historiador Ramón Cañizares en su libro “La Hermandad de la Soledad” (CAÑIZARES JAPON, Ramón: “La Hermandad de la Soledad Devoción, Nobleza e Identidad en Sevilla”. Sevilla, 2007; p.67), por tradición se ha mantenido que la imagen de Nuestra Señora de la Soledad procede la ciudad de Sevilla antes que terminara el siglo XVI, siendo una de las dolorosas mas antiguas que se veneran en América. Otros datos apuntan a que se trata de una imagen enmarcada ya en estilo colonial, pues parece ser que en 1604 se descargaron 90 pesos por la ejecución de una escultura (LABARGA GARCIA, Fermín: “La Soledad de Maria” en Scripta de Maria, Serie II, numero II, año 2005. Torreciudad, 2005, p.427)
Capilla Primitiva Al Año siguiente de su fundación la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad adquiere una pequeña capilla propia fuera del convento de San Francisco para sede de la Cofradía y rendir culto público a la imagen de Nuestra Señora de la Soledad. Esta capilla es adquirida por la Cofradía al Convento de San Francisco por la construcción de dos claustros en el interior del convento. Existe una inscripción conmemorativa que hasta el día de hoy se conserva en el Salón de Cabildos de la actual iglesia Nuestra Señora de la Soledad y que a la letra dice: “Reinando la católica Majestad de Felipe III se acabó esta capilla de los hermanos de Nuestra Señora de la Soledad siendo sus mayordomos Don Francisco Martín de Reina y Don Hernando Sánchez. Año de 1604”. Las referencias a este primer templo de la Soledad son exiguas, la mencionan brevemente algunos cronistas conventuales y sobre todo se tiene un documento gráfico invaluable en los lienzos referidos anteriormente que representan la Procesión del Viernes Santo de la Soledad a mediados del siglo XVII, en el cual el anónimo pintor representó la fachada de esta primitiva capilla y su entorno arquitectónico como telón de fondo a esta célebre procesión. El cronista franciscano Fray Diego de Córdoba y Salinas en su “Crónica de la Religiosísima Provincia de los Doce Apóstoles del Perú” menciona hacia 1651 que la primitiva capilla levantada para acoger la imagen de Nuestra Señora de la Soledad poseía una portada sencilla y un interior de una sola nave con muros recubiertos de azulejos y 5 retablos incluido el principal.
La Estación de Penitencia en el siglo XVII Los cuadros de la colección “Procesión del Viernes Santo” retratan la procesión de la Virgen de la Soledad y del Señor del Santo Entierro a mediados del siglo XVII. El primero de ellos muestra el cortejo procesional con los pasos de “La Lanzada”, “El Descendimiento” y “La Santa Cruz” que ya han ingresado a la Plaza de Armas de Lima. Rodean las andas personajes de la sociedad virreynal como los caballeros de las diferentes Ordenes Militares, Caballeros de Santiago, Caballeros de Malta, clérigos y monjes de distintas Ordenes Religiosas, alumnos de la Real Universidad de San Marcos y pueblo en general. El segundo lienzo representa la parte final de esta solemnísima procesión del Viernes Santo; pueden verse los paso del “Señor del Santo Entierro” (Cristo Yacente), el “Paso de Palio” con Nuestra Señora de la Soledad en telas negras y el llamado “Paso de la Loza”; van haciendo guardia a estos los frailes del vecino convento de San Francisco con cirios en la mano, esta parte del cortejo procesional se sitúa claramente saliendo del interior de la iglesia primitiva de la Soledad, en cuyo atrio se ha levantado un escenario bajo toldo en el que ha quedado la cruz vacía (El Cristo ya ha sido descendido) y a sus lados los dos ladrones crucificados. Siguiendo al cronista Suardo, sabemos que la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad era la mas importante de la ciudad, como lo refieren los cronistas de la época cuando señalan que el Viernes Santo 10 de Abril de 1637 la Cofradía de la Soledad tuvo como porta estandarte al Dr. Juan de la Vega, protomédico del Virreynato, y era siempre acompañada por autoridades y devotos de la Ciudad con su respectivo cirio en la mano, siendo muy crecido el número de disciplinantes de sangre. Consta en el Archivo Arzobispal que el Viernes Santo de 1653 la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad y del Santo Entierro se ponía en marcha hacia las cuatro y media de la tarde, y de acuerdo al cronista franciscano Córdoba y Salinas “...pasea gran parte de la ciudad y tiene más penitentes que las demás...”, dato ratificado por el Padre Bernabé Cobo que menciona mas de mil penitentes.
Construcción de la Nueva Iglesia Por estos años los Padres Franciscanos consiguieron autorización para avanzar una y media varas sobre la posteriormente llamada “Calle de la Soledad”, con el seguro propósito de aumentar el área de un claustro que en aquel lugar se hallaba por aquellos años; décadas después este ensanche seria utilizado por la Cofradía en la construcción del nuevo templo. El Comisario General Padre Fray Luis de Cervela, decidió ampliar la portería del Convento, para lo cual transó con la Cofradía de la Soledad la demolición de su primitiva capilla y la permuta de terrenos para la edificación de un nuevo templo. La planta elegida para la nueva iglesia fue la de cruz latina de brazos cortos, consolidándose con esta obra ese diseño para la ciudad de Lima. La primera piedra fue colocada en ceremonia solemne en tiempos del Virrey Conde de Lemos y la última gobernando la Real Audiencia y electo Conde de Castellar, el cual costeó su retablo mayor en agradecimiento a Nuestra Señora de la Soledad que lo salvara de un arcabuzazo un día que salía de este templo, al cual tuvo por su preferido al igual que la aristocracia y autoridades de la ciudad, inscribiéndose el de Castellar juntamente con su esposa como hermanos veinticuatro (nombre que se les daba a los integrantes de la Cofradía). La estructura actual del templo de Nuestra Señora de la Soledad es la misma de la de aquellos años, modificándose algunas partes como la portada, el cuerpo alto de las torres y las bóvedas, debido al paso del tiempo, los terremotos y las modas.
Del siglo XVII al XIX Hacia fines del siglo XVII la crisis económica que se abatió sobre el Virreynato del Perú afectó también a diversas Hermandades y Cofradías, que vieron reducidas sus rentas producto de las cuotas de los hermanos y hermanas y de las limosnas de los devotos. La Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad no fue la excepción. La independencia nacional afectó grandemente a la Cofradía, por ser considerada “Cofradía de Españoles”, porque como es sabido muchos de sus miembros pertenecían a la nobleza, aristocracia, o eran personas acaudaladas que luego de la independencia vieron perdidas sus posesiones e incluso sus vidas. El siglo XIX, lleno de profundos cambios políticos y sociales, fue testigo de un progresivo languidecimiento de las tradiciones y de las instituciones, muchas de las cuales terminaron por extinguirse. En el caso de la Cofradía de la Soledad, esta se vio sumida en la más profunda postración y hacia 1830 ya no le era posible efectuar su estación de penitencia los viernes santos. Con el avance del siglo y la estabilidad política y económica del país se recuperó algo la devoción pero los cultos se redujeron al interior del Templo con el Septenario y la solemnidad de los Dolores de la Virgen el Viernes de Dolores. Otro quebranto que afecto a la Cofradía fue la guerra con Chile y la aplicación por parte del gobierno de la Ley del 02 de Noviembre de 1889, que expropiaba sus bienes inmuebles cedidos desde épocas coloniales por los devotos y cofrades para mantener el culto, a favor de la Beneficencia Pública de Lima, la que se convirtió en administradora de ellos hasta la fecha.
Resurgimiento de la Semana Santa de Lima En el año 1989 a iniciativa del recordado Mons. Alberto Brazzini Díaz-Ufano, obispo auxiliar de Lima y del entonces Arzobispo de Lima S.E.R. Augusto Cardenal Vargas Alzamora, S.J. se revitalizó la Semana Santa limeña y gracias a sus trabajos y desvelos la venerada imagen de Nuestra Señora de la Soledad volvió a recorrer las calles de Lima el Sábado Santo de 1990 después de casi 200 años de receso, conmemorando la soledad de María y acompañada del Apóstol San Juan. En 1992 con el ánimo de mejorar la presentación de la imagen en la semana santa, se intervino lamentablemente nuestra imagen titular en un fallido intento de recuperar su originalidad. Así mismo se adquirió la nueva anda de palio que importó una crecida suma y que fue costeada en parte por el mismo Mons. Alberto Brazzini.
“Vuelta a los Orígenes” A partir del 2004 en la Cofradía, como por deseo de Nuestra Señora, se comienza a producir un gran cambio, se elaboran proyectos y acciones en búsqueda de recuperar su original identidad, espiritualidad y carisma propios conforme lo inspirado por el Señor Jesús a nuestros fundadores y descritos en antiguos documentos fundacionales que se comienzan a hallar tanto en el Perú como en España, así como también en otras fuentes. Con el lema “Volver a nuestros Orígenes”, se depuran todas aquellos modelos y costumbres adquiridos con el tiempo y que no eran propios de nuestra institución, para volver a nuestra raíz penitencial en su mística y expresión cultual. Se comienza a orientar nuestra institución hacia la profundización de nuestra vida comunitaria y la cada hermano en unión con Dios, haciendo de la Cofradía un lugar de encuentro con el Señor y de conversión personal a El a través de la contemplación de Maria Santísima en el misterio de su Soledad y en la imitación de sus virtudes, velando por la formación inicial y permanente de sus integrantes y en la practica de los ejercicios de piedad y devoción de nuestra sana tradición, así como en el impulso de una constante vida de oración y a la liturgia.
El Incendio del 2005 En la Madrugada del 05 de Junio del 2005 un terrible incendio afecto gran parte del patrimonio artístico y religioso del templo de Nuestra Señora de la Soledad incluyendo la imagen de nuestra titular, ello sirvió para que la ciudad de Lima fijara nuevamente sus ojos y su piedad en Maria Santísima y en esta advocación en particular y para que la Cofradía reafirme su compromiso de profundizar en su vocación, espiritualidad y en el carisma propio. El incendio también, permitió descubrir el atesorado de los retablos en pan de oro y pan de plata, así como en las numerosas imágenes de los siglos XVI, XVII y XVIII, que estuvieron cubiertos por muchos años, con numerosos repintes que se les habían realizado a través del tiempo y que a su vez protegieron las encarnaciones, estofados y colores originales de los mismos. La imagen de Nuestra Señora de la Soledad, que fue la primera en restaurarse, presenta en la actualidad su real belleza, encarnación original y el sistema de articulación en hombros, codos, muñecas y cuello como lo realizara su imaginero cuando la esculpió.
Siglo XXI En la actualidad, el culto y devoción a Nuestra Señora de la Soledad ha venido en aumento, mucho mas después del incendio, creciendo de forma considerable el número de fieles y devotos que se acercan a su templo con la finalidad de alcanzar alguna gracia por intercesión de la Santísima Virgen y de aquel milagro que solo ella sabe que realmente necesitamos, sobretodo el de nuestra propia conversión. La Cofradía, por su parte se proyecta a afianzarse cada vez mas en ser para todos los que se acercan a ella, en una opción al seguimiento fiel de Señor Jesús con la protección de Nuestra Señora y de servicio a la Iglesia principalmente a través de la pastoral de la espiritualidad. |
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